LA IGLESIA DE FITO English
 
  por Maria Laura Rubina  

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fito

Religiosa atención recibió el pasado 4 de Mayo el argentino Rodolfo Páez Avalos, Fito para sus devotos. El lugar de encuentro no podía ser otro que la casa de Dios, en Union Chapel.

Y la iglesia se olvido de santos y de patronos para vestirse de luces e intimidad. Un piano de cola negro, muy largo, el ventanal de vitreaux dejando pasar los últimos disparos de luz de la tarde por detrás del escenario. Los pulpitos albergaban altoparlantes y las bancas feligresas acogían a una multitud muy latina.

Y ésa multitud cantó, bailó y se emocionó con un Fito que subió al escenario puntual y distendido. Emulando a su disco en vivo “No sé si es Baires o Madrid”, Fito tomó a su público de la mano y lo llevó de viaje por su trayectoria musical. Fito ya no es el de antes, un flacucho desgarbado, enojado con el sistema y que se ríe de su fama. Fito es ya un señor, que va a trabajar de traje y se toma lo que dice muy en serio, aunque aún no se corta el pelo.

El tema de Piluso, 11 y 6, Polaroid de Locura Ordinaria (concedida al clamor de una fan descontrolada), Un Vestido y Un Amor, Al lado del Camino, Es sólo una Cuestión de Actitud, Dar es Dar, A Rodar Mi Vida y una versión para el recuerdo de Mariposa Technicolor fueron solo algunas de las canciones que le dieron alegría al corazón de los presentes. El momento cumbre de la noche llego en el bis, cuando Fito subió con alguna torpeza al escenario y calló los aplausos del auditorio para rendirse a una interpretación a capella de “Yo vengo a Ofrecer mi Corazón” que cementó de una vez por todas su fama de icono musical.

La interpretación del clásico de The Clash, London Calling, y algún otro gesto burlón de Fito fueron los únicos indicios de que esta fiesta tenía lugar en Londres, por lo demás, el particular sentir de los latinos creó un continente aparte al que nos enorgullece pertenecer.